Category Archive:Noticias y prensa

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Sobre Arrasados y otros cuentos

agosto 14th, 2012 / / categories: Noticias y prensa /

Sobre Arrasados y otros cuentos

Alberto Echegaray Ortega
Arrasados y otros cuentos (Acerva, 2012) recibe su título del de uno de los mejores cuentos de Zein Zorrilla (autor conocido por la que es una de las grandes novelas andinas de las dos últimas décadas: Dos más por Charly). Trata de la violencia política en nuestro país, y presta su nombre a esta impactante colección.
Acompaña a esta antología “Ningún muerto es ajeno”, otro impactante cuento sobre la violencia política que asoló, principalmente, la sierra. Junto con “Arrasados”, hace un neurálgico muestreo de lo que fue el terrorismo; un conflicto sin patria, sin bandos de ningún tipo, porque ahí todos pierden.
Otros cuatro cuentos acompañan a esta colección, que tienen la virtud de ser los más legibles de toda la narrativa de Zorrilla. “El harem de Tony Flags” muestra a un patético conquistador, y lo retrata tan bien, que se convierte en uno de los mejores cuentos de toda la colección.
“Fiesta de promoción” trata, de manera sutil, del problema del tráfico de drogas, que puede enriquecer o empobrecer, en apenas un momento, y según las reglas de la suerte, al que más.
La imprecisión de “Mariposa Barbarán” es su mayor virtud. El cuento más difícil de la colección, pero también uno de los más bellos. Y “Maestro soldador” es otro gran cuento, uno de los más extensos, un cuento de amor, a pesar de todo.
Los héroes de Zorrilla no hacen grandes hazañas, no conquistan grandes junglas ni viajan por las galaxias. Simplemente son personas como nosotros. Y ahí están las magnánimas cosas que pueden hacer, grandes y posibles cosas en la vida del ser humano.

Imprescindibles Solo 4:

Mades Medus, teatro en escena,

de María Teresa Zúñiga

El nuevo libro de María Teresa Zúñiga Norero (Acerva, 2012) viene a ser una pieza fundamental de la literatura del centro. Lo conforman Mades Medus, obra de gran alcance en el teatro latinoamericano, en la que dos personajes circenses construyen su mundo a partir de algunos retazos de sueños y realidad. Además están en este libro Ciber, obra que juega entre la fantasía de la niñez y la lógica adulta; y Cambio de hora, obra juvenil que, con mucho humor, aborda las diversas contradicciones humanas.

Imprescindibles Solo 4:

El rubio hijo de Wallallo,

de Carlos Villanes Cairo

Un libro que hace una selección de los cuentos más importantes de Carlos Villanes Cairo, un escritor huancaíno que ambientó gran parte de su obra en el Valle del Mantaro, en la ciudad de Huancayo y en algunos pueblos vecinos, como Concepción, Ahuac y Chongos Bajo.

Sus protagonistas son hombres y mujeres de esta zona, que también comprenden entre el mundo mitológico y el de nuestros días. Los cuentos, divertidísimos en su esencia, son un muestrario de los mejor de la narrativa breve de Villanes Cairo.

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La casita de los recuerdos

julio 15th, 2012 / / categories: Noticias y prensa /

La casita de los recuerdos

Por: Jaime Bravo Gaspar

Primera novela (corta) y quinto libro del escritor José Oregón Morales (Tayacaja, 1949), La casita del cedrón, sigue la senda de aquella estirpe de escritores que apostaron por la “literatura de costumbres”, como así denominaba el crítico Manuel Baquerizo Baldeón a la literatura indigenista, muy de moda allá por los años treinta y vuelto a replantearse décadas posteriores, con Oscar Colchado Lucio, Zein Zorrilla y Edgardo Rivera Martínez por nombrar a algunos.

Como se sabe, Oregón Morales inició su carrera literaria con el libro Kutimanco y otros cuentos (1979), donde recoge historias de la oralidad andina, poniéndonos en contacto con las costumbres, tradiciones propias de los pueblos de los andes del sur; de esta misma línea, publicó Loro ccolluchi y otros cuentos (1986), para luego publicar un drama social, El Motín (1986), y finalmente retornar después de casi veinte años con Memorias del cuye Arroyo (2004), que son breves relatos de corte jocoso y humorístico.

La novela, escrita en primera persona, da cuenta de la vida de Chipsa, desde su infancia, en medio de una familia tradicional, subyugada bajo la figura patriarcal en un ambiente machista; en ese contexto, Chipsa recorre los recónditos parajes del pueblo de Pampas, Salcabamba, para luego realizar un éxodo en busca de una esperanza de cambio en su vida, y arribar a Huancayo, ciudad donde se hace compositora.

A grandes rasgos, la historia de La casita del cedrón, nos remite también, en paralelo, conocer parte de la biografía de la compositora Carmela Morales, madre del autor —según su propia confesión— a manera de homenaje por su gran aporte al folklore en esa parte del país, realizando una fábula de la violenta modernidad y la visión de una testigo privilegiada de los cambios sociales que se suscitaron en los andes centrales.

La novela corta La casita del cedrón, obra que llegó a ser finalista en el III concurso latinoamericano de Ecuador, en el 2005, así como también en el concurso nacional “Horacio” en el 2008, en palabras de Sandro Bossio Suárez —quien prologó el libro—, “es un buen ejemplo de que la literatura de corte campesino no tiene porqué estar disgustada con la modernidad técnica y recursiva de la literatura universal”.

Una novela que hizo brotar mis recuerdos

Por Juan Luis Espinoza Chinchón
La casita del cedrón, a pesar de ser una historia breve, despertó violentamente mis recuerdos. Yo pensaba, equivocadamente, que ya no iban a brotar estos recuerdos celosamente cicatrizados, que volvieron a sangrar echando truenos.

Me siento deslumbrado con esta historia que escribió José Oregón Morales. Como con la magia, La casita del cedrón ha producido en mí dos cosas: primero, me hizo retroceder al mundo infantil, cuando jugaba con piedras de colores; piedras que tenían vida y nombre. Y cuánto decir de mi “Cuto”, aquel perrito que compartió mi fiambre y tantas veces me acompañó en los vericuetos del destino.

Recordé la ingratitud de los terratenientes; y el desprecio, la envidia, el odio y la maledicencia doméstica. Pero también me ha mostrado una gran lección: que la actitud valiente de tomar resueltamente las decisiones es de clase mayor. Sí, la actitud de Chipsa, esa niña valerosa que huye para enfrentar al mundo sin miramientos, es un ejemplo vivo, un parangón sin límites que nos enseña a afrontar este mundo de iniquidades e injusticias, a este mundo cruel donde reina la irracionalidad.

La casita del cedrón es, de la misma manera, el espejo que refleja a nuestro país. ¿Qué nos recuerdan, sino, aquellos hombres que deambulan por las calles pidiendo mendrugos de pan? Chipsa nos enseña que debemos tomar decisiones, buscar la forma de salir del fango. Esta obra a su vez me arrastró al mundo de la violencia social, donde los inocentes eran culpables y los mudos eran obligados a hablar. La honradez es práctica de los hombres más pobres del mundo andino. Y se narra todo genuinamente, con ternura, como cuando el médico de los pobres dice: “regresa a tu casa estos alimentos para que se recupere el enfermo”; o cuando los pobres hablan de Chipsa adulta: “no señora, no, es para la señora Carmela; ella no nos engaña”. Hay más en el libro, como cuando Chipsa defiende lo suyo con fortaleza y voluntad; y todo eso me ha persuadido de principio a fin.

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La voz de la luna

julio 15th, 2012 / / categories: Noticias y prensa /

La voz de la luna

Por Juan Luis Espinoza Chinchón

Leí Luna de agua de Gerardo Garciarosales con los ojos encharcados, llorosos como el día luctuoso en que enterraron a mi abuelo.

¿Cómo es posible que las palabras mágicas del libro originen un llanto incontenible? Al releer volví a llorar. Extasiado, absorto, encantado, aún con las mejillas empapadas, salí de mis aposentos para contemplar la luna. En el firmamento, adornada por las estrellas titilantes, encontré la imagen de mi abuelito.

La obra que está narrada poéticamente, ha trastocado mis recuerdos. Las palabras mágicas de la abuela y el niño me han atrapado. Sorprendido, volví a oír la voz de mi abuelo: “La luna, hijo mío, dice que el año que viene no dará buena cosecha, así que medido nomás consumiremos”. Aquella noche lo miré a él y a su inspiración celestial. No encontré ninguna voz. Pensé que estaba sordo. Nadie esclareció mi inocencia. Después de romper la timidez que me empuñaba, le pregunté con voz temblorosa: “¿Cómo puedo conversar, abuelito, con la luna?” “Mira, mira a la luna”, me dijo. “En cuanto aprendas a leerla, podrás oír su voz”.

Cuando fui a la escuela, pensé que el profesor me iba a enseñar a escuchar la voz de este satélite, incluso me lavé bien las orejas, pero el Señor destrozó raudamente mis deseos. Volví a buscar al anciano, mas este gran maestro ya se había ido al mundo de Juan Preciado. Después, supe que él no sabía leer ni escribir, pero conversaba con la naturaleza. Leí las maravillas del mundo andino. Seguí sus pasos y hallé principios inmarcesibles. La luna con sus encantos me ofreció mucha sabiduría, me enseñó a tender las papitas menudas para el chuño con exactitud infalible.

Luna de agua resume la imagen del mundo andino, la relación del silencio jaujino con este astro, sus costumbres, su vida, que no es otra cosa que la existencia del hombre del ande que aguarda con esperanza.

José Oregón Morales y La casita del cedrón

Joel Carrillo de la Cruz

El entrañable escritor José Oregón Morales nos vuelve a ofrecer su novela corta La casita del cedrón (2011), que ya va en su cuarta edición.

¿Qué es lo que origina en esta novela su empatía con el lector? Seguramente es esa simplicidad, esa sinceridad, esa naturalidad con que Chipsa, la protagonista, nos cuenta su vida, años antes de convertirse en la reconocida intérprete folclórica Carmela Morales Lazo.

Hay dos partes distinguibles en la novela. Una es cuando Chipsa-niña debe lidiar con el indomable carácter de su padre, el causante de todos sus sufrimientos. El ambiente falto del amor materno (que también es anulado por el padre), origina que los animales se conviertan en sus compañeros y cómplices. Son los únicos que le dan el afecto que le es negado en casa, y llega a una relación filial con ellos. Ejemplos sobran, como cuando Chipsa clama por su vaca: “Mamacita Pillcacha, no te moverás lindita hasta que amanezca”; o cuando sus perros son los únicos que la pueden acompañar y les ruega: “¡No se vayan, padres míos, acompáñenme!”.

Hay gran diferencia entre el trato tosco que recibe del padre: “¡Despierta, carajo! ¡Anda notifica a los peones!” y el cariño de sus animales: “¡Yana, Tahua Ñahui! Me despertaron lamiéndome la cara, jadeando sobre mi pecho”. Otra escena contundente de La casita del cedrón ocurre cuando el padre intenta arrollar a Chipsa montado en el “Gringo Caballo”, y éste la miraba “con sus ojos desorbitados, torcía el cuerpo y hacía caer sus cascos lejos” de ella.

La narración en primera persona no es arbitraria. El hecho de que una niña, pobre y con escasa instrucción, nos relate su vida, le da el carácter picaresco de la novela del siglo XVI. Y hay varios asomos a El Lazarillo de Tormes, la labor de lazarilla de Chipsa con su tío ciego, por ejemplo.

La casita del cedrón es una bonita novela, tierna y muy fácil de leer.

Lo nuevo en esta edición

La cuarta edición de La casita del cedrón (2011) de José Oregón Morales ofrece un cuidadoso trabajo. A diferencia de las ediciones anteriores, esta vez la novela cuenta con significativas mejoras e importantes cambios en el ámbito narrativo. En esta ocasión se han eliminado numerosas erratas que esta novela arrastraba desde sus primeras ediciones. Por eso su lectura esta vez se siente más fluida, más cómoda.

Génesis del título de La casita del cedrón

Por: Arturo Concepción

La casita del cedrón es la obra del escritor José Oregón Morales (1949-Pampas-Tayacaja) y que fue presentada en la III Feria del Libro Zona Huancayo el 1 de julio a las 5:30 p.m. en el auditorio Oswaldo Reynoso. Diremos que el título responde a los intereses del autor para que su obra tenga acogida en la sociedad. Iniciamos la lectura de una obra literaria con la comprensión del título.

La casita del cedrón es un título poético, el autor pone de relieve, metafóricamente, la presencia del cedrón, árbol de hojas aromáticas que se toman en infusión, y que sirve de compañía  y recurso alimenticio a los tres hermanos que han huido de la casa familiar y viven en la casita que les dio su tío Godo, hermano de la mamá:

“El tío Godo nos cedió una casita en las afueras del pueblo, bella como una margarita blanca acurrucada en los verdes sembríos del valle. Sólo tenía dos habitaciones, nos dio la del segundo piso. Lo que la hacía más bella era un arbolito de cedrón, verde y vigoroso que expandía su aroma en todo el ambiente”.  (La casita del cedrón, p.52).

En esta obra, el título relaciona la casa donde habitan los tres hermanos con el arbolito a quien consideran como un miembro de la familia, y que les prodiga su auxilio en los momentos más críticos de la necesidad:

“Impulsados por el hambre salíamos a pasear por la vera de los trigales ajenos y disimuladamente arrancábamos algunas espigas, las desgranábamos, las tostábamos en la callana y luego de molerlos sobre el batán conseguíamos un puñado de morón para la sopa de ese día.
”Semanas completas volvíamos los ojos al cedrón y él nos alcanzaba sus ramas generosas para quebrarlas, y hervir sus aromáticas infusiones. Sobrevivíamos al hambre sólo con su agüita.
”Muchos días, vencidos y tristes, nos sentábamos alrededor de la olla vacía. Entonces los tres hermanos, cuatro con el cedrón masticábamos nuestra amargura”. (La casita del cedrón, pp. 55-56 ).

El escritor José Oregón Morales con este título anhela despertar la curiosidad del lector, quien  con seguridad se ha preguntado, ¿es posible que un cedrón tenga su casita?, ¿es la historia animada de un cedrón?, optando por la lectura para salir de sus dudas, pues  títulos como éste generan intriga, por ejemplo La serpiente de oro de Ciro Alegría, en la novela no hay ninguna serpiente, sino que es la denominación poética que realiza el novelista del río Marañón.

Publicado en Fulgor de espigas, del diario Primicia de Huancayo

2011: Producción editorial de la región

Juan Carlos Suárez Revollar

A lo largo de 2011 se ha publicado muchísimos libros en la Región Centro. Citaremos a continuación algunos de los más relevantes.

Dos de los lanzamientos más importantes llegaron de parte de la editorial San Marcos, que publicó en su nueva colección “Ágora” la novela Gritos en silencio, de Isabel Córdova Rosas, una potente historia contextualizada en los años de la violencia política del Perú. En la misma colección, Sandro Bossio publicó La fauna de la noche, una novela policial con un rico fondo sociológico, que aborda el mundillo médico y que, acorde con el estilo del autor, no deja de lado la historiografía en su trama.

Félix Huamán Cabrera publicó El corcel del Monte Carmelo en la fiesta del Niño Chaperito. La editorial Puntocom, por su parte, reeditó El tesoro de Catalina Huanca, de Nicolás Matayoshi; y Zeit Editores (especializada en poesía) editó La escultura que se mató por el poeta, de Josué Galdós Talaverano.

Asimismo, Acerva Ediciones lanzó su colección “Pasiones narrativas”, que busca reunir la mejor literatura de la Región Centro, y del que vieron la luz este año Kassandra y nueve mentiras menores, de Sandro Bossio, y Dos árboles y otras formas de internarse en la niebla, de Augusto Effio Ordóñez, ambos con los cuentos más representativos de sus autores. También forman parte de esta colección las ediciones definitivas de la novela breve La casita del cedrón, de José Oregón Morales, y del volumen de narraciones orales Luna de agua, de Gerardo Garcíarosales.

Entre los nuevos autores, se presentó Seven, libro que recoge cuentos de siete autoras de la región y Madrugada, de Graciela Ramírez; así también Ulises Gutiérrez publicó su primera novela, Ojos de pez abisal, los tres por editorial Bisagra. Guerra Florida Editores, por su parte, editó un interesante poemario, Sociedad NN, con jóvenes autores de Cerro de Pasco; y su equivalente de Huancayo: Cuarta pared.

Sergio Castillo Falconí publicó su poemario Detrás de la séptima puerta; igualmente se editaron los poemarios del Premio Presencia Xauxa: Derramado cielo y el volumen de cuentos La villa del Señor, de Fernando Mendoza Canales.

Entre las ediciones de autor, cuentan Los pueblos del Hatun Mayo, de Manuel Perales Munguía. Igualmente, Wanka Limay. Idioma Wanka, de Sebastián Paredes Buendía, un volumen que aborda la cultura, la historia y el idioma huanca. Con un objetivo similar Apolinario Mayta publicó Huancayo: síntesis de su historia. En lo referente a literatura, propiamente, están: Historias, relatos, canciones, poemas y composiciones, de Reynaldo Oré Quinto; así también, Tradiciones isabelinas, de Ricardo Gago Bustamante y Vidal Maldonado Chipana; y El chuto Pukalunku y la jaujina virgen, de Sario Chamorro Balvín.

Como se ve, en 2011, y pese a la interrupción que siempre genera un proceso electoral en este rubro, se ha tenido mucha producción editorial. Suponemos que en el año 2012 será aún mayor, pues esta actividad se ve potenciada por la formalización de las editoriales y por el impulso de instituciones como la Feria del Libro en Huancayo.

Publicado en suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo, el 31 de diciembre de 2011

Los «Dos árboles» de Augusto Effio

Luis Puente de la Vega Rojas

Una de las publicaciones de mayor importancia del último año ha sido Dos árboles y otras formas de internarse en la niebla (Acerva Ediciones, 2011), del escritor huancaíno Augusto Effio Ordóñez (1977). Este interesante compendio de la narrativa breve de Effio recoge seis de sus cuentos más representativos y valorados.

Del libro, el escritor y crítico José Güich Rodríguez ha subrayado que «los relatos de Augusto Effio Ordóñez sugieren un mundo velado y enigmático que el lector debe recorrer por su cuenta y riesgo. Los personajes que desfilan ante nosotros protagonizan historias cuya complejidad y cuidado expresivo sirven de marco a la existencia de una serie de símbolos soterrados. Pero este misterio es justamente el gran atractivo de los seis relatos: ficciones de sutil carga alegórica, donde seres comunes son arrojados a destinos que exceden las previsiones».

Tres de los cuentos fueron extraídos del volumen Lecciones de origami, que son: «Un parpadeo de Gene Hackman», «Era más bien un aburrimiento áspero y agrio» y «La última entrega de Jesús Camarena». Asimismo, el cuento «Vírgenes» fue incluido en una antología regional y «Dos árboles» se publicó en un volumen independiente de la Colección Underwood, del Departamento de Letras de la Universidad Católica. Finalmente, «Manos, un antojo» se publica por primera vez. Esta edición ha permitido una revisión completa de todos los cuentos, y ha incorporado algunas pequeñas variantes que hacen de cada texto su versión definitiva.

San Cristóbal

Effio Ordóñez es creador de la ciudad ficticia de San Cristóbal, donde ocurren muchas de sus historias. Esta urbe, pequeña, lejana y provinciana, ha ido surgiendo, pincelada a pincelada, en diversos cuentos del autor. «La última entrega de Jesús Camarena» ofrece una visión externa, la de un foráneo que la recorre de vez en cuando, en su labor de visitador médico. «Vírgenes», en cambio, nos da la mirada de un personaje, Ulises, que «jamás ha conocido tierra que se distancie a simple vista de San Cristóbal». En el cuento «Era más bien un aburrimiento áspero y agrio», Olga, otro personaje, era presa de un «extraño pesimismo que le inspiraba la piel azulada y resplandeciente que vestía a las madrugadas sin sueño en San Cristóbal». Finalmente, en «Un parpadeo de Gene Hackman» —que hace entre otras cosas una burla de «Lecciones de origami»— el protagonista se pregunta que «a quién se le ocurre ambientar la historia en un adefesio de pueblo llamado San Cristóbal».

«Dos árboles»

A diferencia de los otros cuentos, «Dos árboles» transcurre en territorio huancaíno. El joven narrador, que tiene entre sus obligaciones administrar la empresa familiar (nada menos que la Radio 15-50), es testigo del extraño cambio de conducta de su esposa. Esta última, sin razón aparente, siente una irremediable atracción por los dos árboles, añosos y místicos, del Santuario de Warivilca. Se trata de uno de los mejores cuentos escritos por un autor de la Región Centro, con el que fuera finalista en 2007 del prestigioso Premio Internacional Juan Rulfo.

La obra

La prosa de Effio es cuidada, compleja, depurada, y sumerge al lector en un mundo nebuloso, donde los personajes fluctúan entre la resignación y la perplejidad. Este libro, que llega de mano de la editorial huancaína Acerva Ediciones (forma parte de su colección Pasiones narrativas, que reúne a los autores más prestigiosos de la Región Centro), se constituye en un valioso lanzamiento. Como escribió José Güich: «esta selección de lo más representativo del autor huancaíno sigue con gran pulso las premisas del cambio de guardia, justo y necesario para cualquier literatura».

MÁS DATOS

Augusto Effio no es nuevo en la literatura nacional. Su cuento «Dos árboles» fue finalista del Concurso Internacional Juan Rulfo en 2007. «Lecciones de origami», por su parte, obtuvo en 2004 el premio Copé de Plata, aunque ya antes había ganado el concurso de cuentos de Librerías Crisol por «Pie de página» (publicado con el título de «Leinzberborn»), y además recibió varias menciones honrosas en el concurso «El cuento de las mil palabras», de la Revista Caretas (entre ellos el cuento «Vírgenes»).
En 2006 publicó el libro Lecciones de origami.

Publicado en el suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo, el 11 de febrero de 2012.

 

La casita del cedrón:

literatura que fluye del alma

El texto que sigue líneas abajo fue leído por el escritor Sandro Bossio Suárez durante la presentación de la cuarta edición de 2011, en marzo de ese año.

José Oregón Morales es un artista y escritor, yo diría un escritor-artista, de larga data. Ha escrito desde muy joven, y ha traducido mucha literatura oral quechua al español. Es, además, un gran folklorólogo y propulsor cultural de la región central del país.
Decimos todo esto porque Oregón Morales, con esta novela que fue merecedora de dos premios importantes, uno en Ecuador y otro en el Perú, nos muestra una de sus facetas mejor afinadas: la literatura. Y decimos esto también porque esta literatura es, además de todo, un claro ejemplo de arte, un canto de vida, una bonita filigrana con incrustaciones de vida.
Como lo decimos en el prólogo, “La casita del cedrón puede leerse como una novela corta, o como un cuento largo, y funciona perfectamente en cualquiera de estas especies. En realidad, al margen de las formalidades estructurales y técnicas, se trata de una historia conmovedora, sumamente tierna, que por momentos nos sensibiliza, nos enternece, y por otros nos enfurece, atándonos, en todo instante, a la lectura que seduce desde el principio”.
Esta es la crónica humana de una niña de nueve años, Chipsa (que se nos antoja la versión femenina del Lazarillo de Tormes), quien vive aislada en un pueblo lejano, alcanzada por la injusticia, la pobreza y el machismo: ella debe permanecer cuidado cerdos y alimentado a las reses, mientras sus hermanos, por ser varones, han marchado a Huancayo a estudiar. La niña, de un temperamento arriesgado y valeroso, un día determina escapar y así, tras un largo peregrinaje, llega a Pampas, donde se encuentra con su hermano Jorge, su tía Carolina y su tío Godo, con quienes se queda a vivir, y quienes serán a partir de entonces el eje de su vida. Una serie de acontecimientos, profundamente sociales y humanos, se suscitan desde este punto, con los que la niña va aprendiendo a ver la vida desde una perspectiva mucho más citadina: es decir, estamos ante un texto de aprendizaje. Sin embargo, la ciudad no logra que Chipsa cambie; sino solo que sobreponga una nueva cultura a la suya, rozando (pensada o espontáneamente) un tema de palpitante vigencia: la interculturalidad.
“Para una mejor comprensión, el texto debe ser analizado desde dos perspectivas: la estética y la social. Es claro que el plano social prepondera, pues el material está lleno de análisis sociológicos y antropológicos, y lleno de alegatos contra las iniquidades de la sociedad”. Sin embargo, la estética tampoco está alejada de los cánones literarios profesionales, pues cumple funcionalmente sus cometidos, logrando un texto coherente y uniforme. En ese sentido, el relato se convierte en una corriente serena por la cual discurren los diversos episodios del texto: la más violenta es, desde luego, la situación mutilante de Chipsa en su pueblo frente a la segregación por parte de su padre, quien no le demuestra ternura porque no es su “bola de oro” y solo la tiene como un elemento colaborativo en la familia a fin de mejorar la economía patriarcal para que los hijos varones sigan estudiando en las ciudades modernas. La frase inicial refrenda lo que decimos: “Solo mujeres me estás alumbrando, mierda” (molestas palabras dirigidas a su esposa) y es el resumen perfecto de este fenómeno sociocultural que todavía anega las localidades más lejanas de nuestras regiones pobres.
Dos cosas más llaman profundamente la atención en la lectura. Una es la función del quechua dentro del relato: viejo traductor que se ha pasado la vida enlazando ambas culturas, el autor hace gala de una estupenda conjunción de los idiomas.
La segunda es el tono que adopta la niña para contarnos las diversas historias. Este tono, por momentos, y según las necesidades, torna de divertido a triste, de nostálgico a vívido, de melancólico a sollozante, y se nos presenta realista y perfectamente verosímil.
Finalmente, no podemos sustraernos a la seducción que ejerce en el subtexto la presencia tenue, pero poderosa, de la oralidad andina, que es uno de los mayores logros de este relato.
Por todo ello, por su calidad en la factura de la historia y del ensamblaje del texto, La casita del cedrón es un buen ejemplo de que la literatura de corte campesino no tiene por qué estar disgustada con la modernidad técnica y recursiva de la literatura universal. Por ello, no queda sino felicitar, y profundamente, a José Oregón Morales, por demostrarnos con esta publicación que su vocación literaria sigue tan plena como al principio, y que la buena literatura no es cuestión solo de técnicas sino, sobre todo, de sentimientos.
Estamos todos invitados a regocijarnos con este libro donde se debaten los sentimientos más sublimes con los más profundos rencores sociales, y donde se encuentran la inocencia y la maldad, el amor y el odio, la sobrevivencia y hasta la aventura. En esta impecable cuarta edición encontraremos todo eso y mucho más.

Gracias

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Luna de agua y su riqueza ancestral

julio 14th, 2012 / / categories: Noticias y prensa /

Luna de agua y su riqueza ancestral

Lilia Figueroa Manyari

Toda obra literaria es creada a partir del mundo que rodea al autor, es él quien reflexiona, analiza, cuestiona y propone respecto de su entorno histórico social. Por ello es importante analizarla a partir de dos momentos: el contexto interno de la obra en sí, y a partir de la perspectiva históricosocial que rodea al texto. Es de esta manera que podremos profundizar la intencionalidad, fundamentación, leivmotiv y, así, extrapolar la intencionalidad de su creación.

En el caso de la obra literaria “Luna de agua”, del escritor Gerardo Garcíarosales, el tratamiento temático, el lenguaje y la estructura textual están ligados indisolublemente al pensamiento del hombre andino. Por ello podemos enmarcar a “Luna de agua” como una magnifica representación de la literatura andina. Julia Centurión Morton (de la Universidad Randolph-Macon, Virginia) enfatiza esta característica básica como un aporte a la literatura peruana, pues entrecruza en cada uno de sus relatos elementos andinos reales —la visión del hombre del valle del Mantaro sobre la luna— y su sentido de pertenencia a partir de su interpretación metafísica. Pero además Garcíarosales entiende, interpreta y crea a partir de ello relatos que se fundamentan en este pensamiento.

Por otro lado, el tratamiento del lenguaje, al igual que el tratamiento temático, está elaborado en dos niveles: el habla tradicional, popular, en labios de la abuela y el nieto. Y la interpretación connotativa de la vida colocada bajo las reflexiones del narrador múltiple, dando de este modo la posibilidad de entender con mayor profundidad la visión del mundo y la capacidad interpretativa de la vida en el valle.

En cuanto a la estructura narrativa, Garcíarosales ha optado por brindarnos una nueva propuesta organizacional en que dos personajes se encuentran inmersos en un diálogo donde, curiosamente, sólo se escucha la voz de la abuela, quien revela, confiesa y transmite su experiencia; mientras el nieto, en forma introspectiva, reflexiona, relaciona y toma como suya la información recibida; reproduciendo de esta manera el sentido oral existente en las comunidades y/o sociedades con arraigo histórico. Es esta cualidad narrativa la que hace de “Luna de agua” un libro único, como remarca Edgardo Rivera Martínez en el prólogo.

En una conversación con el autor pudimos entender su interés por plasmar una de las riquezas de nuestra cultura madre, como modo de transmisión de nuestra interpretación del mundo. Es decir, la importancia de la transmisión oral para la preservación de nuestra riqueza cultural, pero además la urgencia de evidenciar un recurso importante de comunicación. Podremos, así, entendernos y preservar de este modo nuestra singularidad frente a la globalización.

Publicado en suplemento cultural Solo 4, del diario Correo de Huancayo, el 31 de marzo de 2012

Segunda edición de Los mataperros de Héctor Meza Parra Acerva Ediciones 2013El mataperro que todos llevamos dentro

Por: Anahí Verónika Novoa Coca

Hablar de Los mataperros (Acerva Ediciones, 2012), del escritor Héctor Meza Parra, es hacer una regresión a la niñez, aquella época en que, entre juegos y tardes de despreocupación, competíamos por quién del grupo era el más travieso, quién más atrevido, más audaz o arrojado.

Los mataperros es una sorpresa grata en la narrativa de Junín. Es una novela que, con los códigos de la picaresca, cuenta una serie de aventuras (y desventuras) de tres pequeños tarmeños, tan traviesos, que hacen rabiar a todo el mundo y, entre tropelías y juegos, se hacen acreedores del sobrenombre de mataperros. Los mataperros son tres niños pobres, astutos e ingeniosos: Élver, Lucho y Ángel. Cada uno guarda sus propias características; mientras el primero es el estratega y líder del grupo, los otros dos complementan cada una de sus travesuras. Lucho es el más sensato, aunque el de menos poder. Ángel, por su parte, se encuentra en un punto intermedio de los otros dos personajes, pero corona su participación en la historia por ser el narrador.

Lo bueno del libro es que la historia atrapa al lector y permite una lectura fluida. El fino humor de cada una de las situaciones hace que se quiera seguir, siempre en busca de más; y hasta da la impresión de quedar corto, por sus apenas cien páginas. Algo que está presente desde el inicio es la nostalgia; una nostalgia de sucesos, objetos, costumbres y vivencias ya pasadas (la novela se ambienta en la Tarma de los setenta). El hecho de ser una historia autobiográfica lo certifica.

Aunque nacido en Jauja, Héctor Meza Parra ha residido casi toda su vida en Tarma. Por eso mismo, gran parte de su obra está ambientada en esta ciudad. Y Los mataperros no es la excepción. Sin embargo, acostumbrado al relato y la crónica, esta es su primera incursión en la novela.

Llama la atención la extraordinaria pericia del autor para enganchar al lector. El uso del lenguaje es más que efectivo, y por eso permite una lectura ágil, que se ve sazonada con las anécdotas de aquellos tres “lazarillos modernos”, a decir del escritor Maynor Freyre. Pero también podría definirse a los protagonistas como tres Quijotes de pantalón corto, a juzgar por sus muchas aventuras de resultados no muy satisfactorios, en que, aunque no terminan manteados o apaleados como el Quijote, sí, en cambio, pueden acabar con los huesos rotos o sufriendo mil y un accidentes producto de sus travesuras.

Del libro el escritor Maynor Freyre ha escrito lo siguiente: “Héctor Meza Parra presenta a tres pequeños tarmeños que deambulan por las calles de esa ciudad realizando travesuras como compete a todo mataperro. La calle es su hábitat natural y Meza Parra narra las tropelías de su diario vivir durante sus primeros doce años. Son niños que no paran en mientes para efectuar acrobacias donde terminan con los huesos rotos, cual lazarillos modernos. Ágil y tierna, esta breve novela encantará a grandes y chicos”.

Lo que queda en el lector adulto, al pasar la última página del libro, es la certeza de que todos, en algún momento de nuestras vidas —seamos hombres o mujeres—, hemos sido mataperros. Y el lector niño encontrará en esta novela, además de esas grandes lecciones que nos dan los libros bien escritos, gratas horas de una divertidísima lectura.

Dato:

Los mataperros se presentará este jueves 19 en Tarma, en el centro cultural Fortunato Cárdenas (a espaldas del Centro Cívico), a las 6:30. Comentarán el libro el escritor José Oregón Morales y el editor Juan Carlos Suárez Revollar.

Publicado en suplemento cultural Solo 4, del diario Correo de Huancayo, el 14 de julio de 2012.

Notas relacionadas:

Héctor Meza Parra (Jauja, 1963)

Los mataperros, de Héctor Meza Parra

Nueva edición popular de “Los mataperros”