0

La casita de los recuerdos

julio 15th, 2012 / / categories: Noticias y prensa /

La casita de los recuerdos

Por: Jaime Bravo Gaspar

Primera novela (corta) y quinto libro del escritor José Oregón Morales (Tayacaja, 1949), La casita del cedrón, sigue la senda de aquella estirpe de escritores que apostaron por la “literatura de costumbres”, como así denominaba el crítico Manuel Baquerizo Baldeón a la literatura indigenista, muy de moda allá por los años treinta y vuelto a replantearse décadas posteriores, con Oscar Colchado Lucio, Zein Zorrilla y Edgardo Rivera Martínez por nombrar a algunos.

Como se sabe, Oregón Morales inició su carrera literaria con el libro Kutimanco y otros cuentos (1979), donde recoge historias de la oralidad andina, poniéndonos en contacto con las costumbres, tradiciones propias de los pueblos de los andes del sur; de esta misma línea, publicó Loro ccolluchi y otros cuentos (1986), para luego publicar un drama social, El Motín (1986), y finalmente retornar después de casi veinte años con Memorias del cuye Arroyo (2004), que son breves relatos de corte jocoso y humorístico.

La novela, escrita en primera persona, da cuenta de la vida de Chipsa, desde su infancia, en medio de una familia tradicional, subyugada bajo la figura patriarcal en un ambiente machista; en ese contexto, Chipsa recorre los recónditos parajes del pueblo de Pampas, Salcabamba, para luego realizar un éxodo en busca de una esperanza de cambio en su vida, y arribar a Huancayo, ciudad donde se hace compositora.

A grandes rasgos, la historia de La casita del cedrón, nos remite también, en paralelo, conocer parte de la biografía de la compositora Carmela Morales, madre del autor —según su propia confesión— a manera de homenaje por su gran aporte al folklore en esa parte del país, realizando una fábula de la violenta modernidad y la visión de una testigo privilegiada de los cambios sociales que se suscitaron en los andes centrales.

La novela corta La casita del cedrón, obra que llegó a ser finalista en el III concurso latinoamericano de Ecuador, en el 2005, así como también en el concurso nacional “Horacio” en el 2008, en palabras de Sandro Bossio Suárez —quien prologó el libro—, “es un buen ejemplo de que la literatura de corte campesino no tiene porqué estar disgustada con la modernidad técnica y recursiva de la literatura universal”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *